Tamara de Lempicka: Vida y Obra de "La Baronesa del Pincel"

Por Luis Miguel Romero

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Nuestro mundo ha estado lleno de personalidades muy interesantes que, desde diferentes medios y en diferentes momentos, han aportado algo a la humanidad. Algunas de estas personalidades que ya partieron, nos han dejado un legado interesantísimo que las nuevas generaciones tenemos que aprender a valorar y atesorar. En el mundo del arte, los artistas nos dejan un legado tangible, mismo que podemos admirar y apreciar sin importar el paso del tiempo. Precisamente en este espacio titulado #MujeresQueInspiran, queremos reconocer a la artista polaca Tamara de Lempicka (1898-1980).



Tamara Rosalia Gurwik-Gorska nació en Varsovia, Polonia el 16 de mayo de 1898. Su padre fue Boris Gurwik-Górski y su madre Marwina Dekler, ambos de origen judío. Fue la segunda de tres hijos. Existe una versión que dice que en realidad pudo haber nacido en Moscú. En esa época, Polonia estaba unida políticamente a Rusia. Tamara y su familia eran partidarios de la Rusia Imperial y se oponían al régimen comunista que gobernó al país ya entrado el siglo XX. Su padre era un acaudalado abogado que trabajaba para una compañía francesa.



Se dice que desde pequeña, Tamara sobresalía por su independencia y fuerte temperamento. De niña estudió en un internado en Suiza. Con tan solo doce años de edad, Tamara realizó su primera pintura, un retrato de su hermana. Fue en 1911, durante un viaje a Italia con su abuela, que Tamara confirmó su vocación artística.

Su vida familiar tomó un giro inesperado tras el divorcio de sus padres en 1912. Tamara marchó a San Petersburgo, donde vivió con una tía de nombre Stefa. En 1918 conoció al abogado polaco Tadeusz Lempicki, con quién contrajo matrimonio poco tiempo después.


Por desgracia, su tranquilidad conyugal fue interrumpida por la Revolución Bolchevique (iniciada en 1916), pues su marido fue encarcelado por los bolcheviques. Tamara logró rescatarlo de prisión; luego se mudaron a Dinamarca y más tarde se instalaron en Francia, a donde también se había refugiado la familia de Tamara. Fue en parís donde nació su única hija, Kizette.



"Andrómeda" (1927-1928)

Fue en París donde despega la carrera de Tamara. Allí comenzó a estudiar pintura y se relaciona con artistas del movimiento Art Decó. Estudió con Maurice Denis en la Académie Ranson y en la Académie de la Grande Chaumiére. Tamara se identificaba como una pintora cubista suave. Sus primeras obras estaban basadas en la vida de su hija. Pronto comenzó a exponer sus obras en las principales galerías francesas. Curiosamente sus primera obras están firmadas con un seudónimo masculino.


Su carrera despuntó a partir de 1925, cuando expuso su obra en la Exposición Internacional de Artes Decorativas e Industriales Modernas. Sus cuadros llamaron la atención de periodistas de la revista Harper’s Bazaar, quienes promovieron su obra y la llamaron "La Baronesa del Pincel". Su primera gran exposición se realizó en Milán, y en 1927 ganó el primer premio en la Exposición Internacional de Burdeos. En 1929 se divorcia de su marido y comienza un romance con el barón Raoul Kuffner de Diószheg, un coleccionista de su obra. Justo en ese año, pinta una de sus obras más conocidas: “Autorretrato en el

"Autorretrato en el bugatti verde" (1929)

Bugatti verde” y realiza un viaje a los Estados Unidos para exponer en el Instituto Carnegie, en Pittsburgh.


Su carrera llega a su punto máximo a partir de la década de los 1930s, cuando expone por Europa y la Unión Americana y realiza retratos para miembros de la realeza europea. En 1934 contrae matrimonio con el barón Kuffner. Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, el matrimonio se instala en los Estados Unidos. Allí expone sus obras en recintos como la Galería Julian Levy, en Nueva York, la Galería Courvoisier, en San Francisco y el Instituto de Arte de Milwaukee. Además de su éxito y popularidad artística, Tamara vivió una rebosante vida social, codeándose con numerosas personalidades del jet set, el espectáculo y la realeza. Ya en los años 1960s, abrazó la corriente del expresionismo abstracto. Tras enviudar en 1961, vendió varias de sus posesiones y viajó por todo el mundo. En 1974, decidió establecerse en la ciudad de Cuernavaca, México. Pasó sus últimos años acompañada por su hija. Murió el 18 de marzo de 1980 en dicha ciudad. Sus cenizas fueron esparcidas en el volcán Popocatépetl, siguiendo su última voluntad.


"Adán y Eva" (1931)

El arte de Lempicka ha pasado a la historia por su estilo elegante, sofisticado y sensual. Los desnudos son muy recurrentes en su obra, que posee un sello muy particular y llamativo que la hacen sobresalir de otros artistas contemporáneos. Figuras del espectáculo como Barbra Streisand o Jack Nicholson, se convirtieron en sus fanáticos y promotores de su obra. Quizá la celebridad que ayudó más al reconocimiento mediático del arte de Tamara después de su muerte, es Madonna, quien expuso su arte en los videoclips de sus temas musicales “Open Your Heart”, “Express Yourself” y “Vogue”, y en el arte de las giras “Who’s That Girl” (1987) y “Blond Ambition” (1990).





En su vida personal, Tamara fue muy adelantada para su época. Se sabe que era abiertamente bisexual. Durante los años 1920’s, se relaciona activamente con un círculo de mujeres lesbianas prominentes. Se dice que sostuvo un romance con la cantante Suzy Solidor, a quién pintó en un retrato.


"La Tunique Rose" (1927)

El arte de Tamara de Lempicka ha sido redescubierto y revalorado en años recientes. En 1984, se estrenó en Canadá la obra teatral biográfica "Tamara", escrita por John Krizanc y que se mantuvo en cartelera durante once años. En 2005, la actriz y artista Kara Wilson, interpretó a Tamara en la obra biográfica "Decó Diva". Su vida también inspiró la novela "The Last Nude", de Ellis Avery, la cual ganó un premio de literatura en 2013. En 2018, se estrenó en París el musical “Lempicka”, inspirado en su vida, basado en el libro de Carson Kreitzer y musicalizada por Matt Gould.


Echen un vistazo al maravilloso arte de Tamara de Lempicka, una de las grandes artistas del siglo XX y que dejó una huella indeleble no solo en el mundo del arte, sino también como mujer, pues fue una de aquellas que se atrevieron a romper esquemas y se lanzaron a conquistar, con una enorme valentía, un mundo dominado por los hombres.


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