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Naná: La Reina de la Zona Rosa

Actualizado: 22 ago 2021

Por Luis Miguel Romero

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En México, a través del tiempo, han existido numerosas personalidades del colectivo LGBT+ que marcaron una pauta y, sin proponérselo, prepararon el camino para el curso que ha tomado la comunidad LGBT+ mexicana en la actualidad. En estos tiempos donde respiramos aires de libertad y gozamos de muchos avances en temas de respeto, igualdad y tolerancia, no podemos olvidar a quienes sembraron la semilla. No vayamos tan lejos. Remontémonos apenas a las últimas tres décadas del siglo XX. Era otro mundo, otro México, sin redes sociales, internet y sin esta información inmediata y tan manejable que gozamos hoy en día. Y allí estaban ellos, ese colectivo LGBT+ mexicano que siempre ha estado presente (aunque muchos perplejos se nieguen a aceptarlo). La gran mayoría estaba "oculta", ejerciendo su libertad sexual marginada en guetos, intimidada por la policía y la autoridad, segregada por una sociedad ignorante que se negaba a aceptar y respetar su existencia. Por desgracia, muchos de ellos parecen haber quedado en el olvido. La existencia de algunos de ellos, hoy en día casi, parece un mito o una leyenda urbana debido a la escasa información existente. Y eso que hay muchos que los conocieron y los trataron. Pero al tener una nula visibilidad mediática, hoy en día, parece que se los devoró el tiempo. Una de estas míticas personalidades que brillaron en ese México de tiempos de represión y segregación era una bellísima mujer trans. Le decían “La Reina de la Zona Rosa”. Era Mónica Alejandra Naná.



Sus orígenes son inciertos. Ella es vislumbrada por primera vez a principios de la década de los 1970s. ¿En donde más? Pues en la Zona Rosa de la Ciudad de México, ya considerada desde entonces punto de encuentro del colectivo LGBT+ mexicano, solo que, a diferencia del presente, todavía rodeada de glamour y un aire sofisticado y snob. La vedette y artista Terry Holiday recuerda a Naná en sus primeras irrupciones: "Todavía llevaba su uniforme de la secundaria".

Se dice que vivía con su hermana y su familia por el rumbo de Mixcoac.


Aquí vale abrir un paréntesis para describir un poco el físico de Naná. Hay algunas imágenes de ella, pero cuentan los que la conocieron, que las fotos no le hacían justicia, que no retrataba bien. Según cuentan, era más bien de estatura media, no tenía mucho busto (aunque lo aumentó con el tiempo), pero tenía unas piernas hermosas y muy bien torneadas. Pero lo que dejó una huella imborrable en la mente de aquellos que la conocieron fue su rostro. Ese rostro ha sido descrito en muchas crónicas como casi perfecto, con ojos grandes, ceja poblada, piel blanca y tersa. Y a todo esto se le suma una arrolladora personalidad. Era bella y se sabía bella, por lo que se contoneaba con gran señorío y una seguridad que la volvían aún más atractiva. Era literalmente de esas mujeres que paraban el tráfico.