México ante la sombra de la censura

Por Luis Miguel Romero

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La crítica política y social surgió desde tiempos muy remotos en la comedia mexicana. Ya desde los años 1920s y 1930’s, en pleno furor de las carpas, los comediantes criticaban al gobierno, utilizando su ingenio y verborrea para tratar de hacer conciencia entre el público. Uno de los más célebres y recordados fue Jesús Martínez “Palillo” (1913-1994). “Palillo” criticó duramente al gobierno, siendo objeto de numerosos ataques, amenazas, arrestos y hasta golpizas.


Jesús Martínez "Palillo" (1913-1994)

Se dice que llegó a trabajar con un amparo legal escondido en los bolsillos de sus sacos, en caso de que fuera arrestado por la policía en medio de sus acalorados monólogos y sketches. Su más acérrimo enemigo fue Ernesto P. Uruchurtu, quién fuera regente de la Ciudad de México, funcionario famoso por censurar cualquier expresión que él consideraba que atentaba contra sus conceptos de “moral” y “buenas costumbres”. Durante toda su carrera, “Palilllo” se mantuvo fiel a su línea, por ello su presencia en televisión fue muy limitada. El monstruo de la censura lo relegó al teatro. Sin embargo, a él no le hizo falta aparecer en medios electrónicos para que su discurso sonara fuerte entre la audiencia.


“Palillo” fue el más mordaz, pero no fue el único. El mismo Mario Moreno “Cantinflas” (1911-1993), llegó a hacer crítica social, primero en teatro y luego en sus películas. Claro que, en ese caso, la crítica iba muy bien disfrazada para no alborotar al monstruo de la censura. Todo quedaba sugerido, pero nunca era obvio.


En la década de los 1970s, la comedia sufrió otro revés por la censura. En esta ocasión, el comediante Manuel “El Loco” Valdés, fue despedido de su show televisivo y vetado de su televisora por hacer una serie de chistes donde involucraba a personajes históricos de México. Y es que, las décadas de los 1960s y 1970s en particular, fueron particularmente célebres por el control que los censores tenían en las figuras del espectáculo y medios de comunicación.

Fue hasta la década de los 1980s, que la comedia de crítica y sátira política tomó nuevos bríos. El comediante Héctor Suárez (1938-2020), fue el nuevo vocero de los descontentos y desacuerdos del pueblo mexicano ante su gobierno, al mismo tiempo que remarcaba con ingenio los vicios y desperfectos de la sociedad del país. Su show televisivo ¿Qué nos pasa?, producido por Televisa, fue un parteaguas en cuanto a la libertad de expresión. Suárez ya venía haciendo crítica social desde su paso por el cine. Recordemos filmes muy polémicos como México, México, ra-ra-rá (1975) y El mil usos (1983). Aun así, la censura también le persiguió. A fines de los 1980s,

Héctor Suárez (1938-2020)

su programa salió del aire. Suárez achacaba esta represión a la Secretaría de Gobernación, pero no a la presidencia del país. El mismo contó en entrevista que el entonces presidente del país halagaba su humor crítico, mismo que servía como un “pivote” para que el pueblo desahogara sus malestares con el gobierno.





A la par de Héctor Suárez, en la década de los 1980s, los comediantes Víctor Trujillo y Ausencio Cruz también hicieron crítica de índole socio-política. Y lo interesante es que lo hicieron a través de la televisión pública (en el desaparecido Canal 13 o Imevisión) en shows televisivos como La caravana o La tienda y trastienda. Estos son los orígenes de Brozo, el payaso tenebroso, el personaje más célebre creado por Trujillo, mismo que llegó a tener su propio espacio noticioso y convertirse en un líder de opinión. Tristemente, hoy en día, Brozo también fue víctima de la represión y desapareció de la televisión mexicana (más no de los medios virtuales, donde aún sigue vigente).

"Brozo, el payaso tenebroso"

Suárez y Trujillo hablaron de temas de política, sociedad, consumismo, pero no pudieron pasar la línea de hablar de temas aún más delicados como la religión o la sexualidad.








Raquel Pankowsky como "Martita Según".

En el año 2000, México vivió un cambio de gobierno, cambio que curiosamente se reflejó con una libertad de expresión y “aflojamiento” de la censura nunca antes visto. En este nuevo entorno surgió Desde Gayola, show televisivo que retomó el concepto de crítica política-social, pero ahora mucho más radical, con recursos como el humor negro y la parodia. En Desde Gayola, se criticó a la mismísima Primera Dama del país. La actriz Raquel Pankowsky, hacía una parodia de dicha Primera Dama. Lo interesante es que, el show no contó con ningún tipo de restricción.


Según se cuenta, en la Residencia Oficial de Los Pinos (entonces sede de la Presidencia de México), se encendía el televisor todos los jueves para ver Desde Gayola. Allí también se criticaba al cardenal de México, a “las chicas VIP” de la alta sociedad mexicana, el mal trato de las personas con capacidades diferentes, y se presentaban abiertamente actores y actrices de las minorías sexuales. Eso nunca se había visto en televisión en México, aunque fuera televisión de paga.



Paco de Miguel

En esa misma década de los 2000s, también surgieron otros espacios donde impero la libertad de expresión. Así, vimos desfilar toda una galería de figuras de la política en La parodia y El privilegio de mandar, a Eduardo Videgaray y José Ramón San Cristóbal haciendo comedia ácida y a La Bogue presentando su propio show unipersonal de televisión. Fue la primera vez que una actriz trans llegó a este peldaño. Esto, solo por poner algunos ejemplos de libertad en la comedia.


¿Entonces que sucedió? ¿en qué momento retrocedimos cuarenta años? La comedia vive nuevas épocas, es verdad, pero ¿hasta qué punto esta hipersensibilidad está acabando con un elemento tan necesario como es la risa? Hace meses, el comediante Paco de Miguel, fue víctima de un “linchamiento” a través de las redes sociales por haber expuesto, a través de su comedia, una crítica acerca del gobierno actual del país. Este caso se suma al vivido por el comediante e influencer Chumel Torres, básicamente por las mismas razones. Lo sucedido con ambos resulta absurdo por qué es injusto, fuera de lugar y fuera de tiempo. Una sociedad que no es capaz de reírse de sí misma, está condenada a volverse amargada, permisiva, vulnerable e insensible. Y al gobierno criticado o parodiado, le da legitimidad. Las redes sociales no deben de servir para destruir, cancelar o censurar. Al contrario. Son una manifestación tangible de la libertad de expresión y un foro importantísimo para que el pueblo alce la voz ante lo injusto, defienda sus derechos y su libertad. Ojalá y esto lo entiendan "los de arriba".








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