Laurel Hubbard: La primera atleta trans de los Juegos Olímpicos

Actualizado: 21 ago 2021

Por Luis Miguel Romero

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Los Juegos Olímpicos de Tokyo 2020 (celebrados en 2021 por al pandemia del COVID-19), sacaron a la luz un tema que ha estado abordándose en el mundo del deporte desde hace varios años: la presencia de atletas trans en las competencias. La opinión pública está dividida. En el caso específico de las mujeres trans, hay detractores que resaltan la diferencia entre fuerza y resistencia de las deportistas trans, con franca ventaja sobre las mujeres cisgénero; por otra parte, hay quiénes se muestran a favor de esta inclusión alegando que, los procesos que vive una persona trans, en cuestión de tratamientos endocrinológicos, aminora esta supuesta ventaja. Lo cierto es que ninguno de los dos bandos ha logrado convencer al Comité Olímpico Internacional para resolver este dilema (aunque desde 2004 no existe una negativa formal para evitar que los atletas trans participen en el evento). Pero independientemente de las posturas sobre el tema, esta edición de los Juegos Olímpicos hizo historia y marcó una pauta: apareció la primera mujer trans en escena. Se trata de la halterófila Laurel Hubbard y esta es su historia:



Laurel Hubbard nació el 9 de febrero de 1978 en Auckland, en la isla sur de Nueva Zelanda. Es hija de Dick Hubbard, quién fuera alcalde de Auckland y fundador de la compañía de cereales Hubbard Foods. Desde antes de declarase públicamente como una mujer trans, Hubbard ya competía en campeonatos de halterofilia en su país natal. Ella ha revelado que incursionó en esta disciplina con la intención de volverse más masculina, pues no aceptaba su identidad femenina interior. En 1998 estableció un récord en su país al levantar 300 kg. En 2001 Hubbard abandonó el levantamiento de pesas y comenzó su transición. Por lo tanto, es errónea la afirmación de que ella tenía entrenamiento de ventaja antes de su transición. Fue en 2012 cuando concluyó su transición, y volvió a competir en halterofilia hasta 2017.



Fue en 2017, cuando Hubbard obtuvo una medalla de oro en el Australian International & Australian Open, celebrado en Melbourne, logrando levantar un total de 131 kg. Se convirtió entonces en la primera mujer trans en ganar un campeonato de halterofilia para Nueva Zelanda. Por supuesto que su victoria desató controversias alegando la ya mencionada ventaja física que se adjudica a las mujeres trans. De hecho, la Federación Australiana de Halterofilia mantuvo una postura negativa ante su victoria.


En 2018, Hubbard clasificó para los Juegos de la Commonwealth, pero una lesión en el codo le impidió participar en el evento. Ante esto, pensó por primera vez en retirarse del deporte. Sin embargo, permaneció activa y en 2019 ganó dos medallas de oro en los Juegos del Pacífico, celebrados en Samoa. Nuevamente fue víctima de muchas críticas y cuestionamientos, incluso de parte del primer ministro de Samoa. En 2020, ganó la medalla de oro en la Copa del Mundo de Halterofilia, en Roma.



En 2020, el Comité Olímpico de Nueva Zelanda envió a Hubbard a competir en los Juegos Olímpicos de Tokyo, después de que el Comité Olímpico Internacional permitiera a la Federación Internacional de Halterofilia, la inclusión de atletas trans en esta disciplina. Esto la convierte en la primera atleta abiertamente trans en participar en unas olimpiadas. A sus 43 años de edad, también fue la atleta de mayor edad en competir en esta disciplina.

Hubbard compitió en la categoría femenil +87 kg. Por desgracia, no logró posicionarse en el medallero y fue descalificada tras tres intentos fallidos.



La presencia de Hubbard en los Juegos Olímpicos, la mantuvo en el foco de atención y sus competencias fueron objeto de gran cobertura mediática. El colectivo LGBT+ internacional fue quién más apoyo manifestó a Hubbard, celebrando su participación en el evento como un gran avance para el colectivo en temas de inclusión en el mundo del deporte. Por supuesto que también hubo muchísimas críticas negativas. Incluso atletas como Caitlyn Jenner (también trans ) y Martina Navratilova, cuestionaron públicamente su participación en el evento. Lo cierto es que, la presión y exhibición mediática no fueron del total agrado de Hubbard, quién ha manifestado su intención de retirarse del deporte, alegando que ya tiene la edad para su jubilación.



Sobre las críticas y señalamientos a su participación en eventos deportivos como mujer trans, Hubbard declaró en 2017 para el sitio web Stuff:


"Todo lo que puedes hacer es concentrarte en la tarea que tienes entre manos y, si sigues haciéndolo, podrás superarla. Soy consciente de que no todos me apoyarán, pero espero que la gente pueda mantener la mente abierta y tal vez mirar mi desempeño en un contexto más amplio. Quizás el hecho de que alguien como yo haya tardado tanto en salir adelante, indica que algunos de los problemas que la gente está sugiriendo no son lo que parecen "



Independientemente de la postura que tomen los organismos pertinentes que regulan las diversas disciplinas del deporte, lo importante es que el talento en el deporte de las personas trans sea apreciado y valorado como es debido. Finalmente aquí lo que tiene que importar es su calidad deportiva, y no la identidad de género, misma que forma parte de su vida íntima y no debe de interesar a nadie ni mucho menos ser sometida a algún tipo de juicio y escrutinio. Lo importante es que el camino ya se está recorriendo, aunque pinta aún para ser muy largo.






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