"Las Fabulosas": Recordando a las vedettes mexicanas de los 1970s y 1980s

Por Luis Miguel Romero

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Ellas eran las “Reinas de la Noche” del México de los años 1970’s y 1980’s. Los nombres de estas mujeres brillaban en las marquesinas de los principales cabarets y teatros de la Ciudad de México. Miles de personas las idolatraban; las mujeres envidiaban su belleza y sensualidad y los hombres ardían en deseos al admirar sus voluptuosas figuras, que se contoneaban en las pistas de baile al compás de la música, ataviados con exóticas plumas, pieles, lentejuelas y canutillos. Por desgracia, el tiempo pasó. Otros tipos de entretenimiento las suplantó en el gusto del público. La Ciudad de México vivió un ocaso en su vida nocturna y estas sensuales beldades parecían haber quedado en el olvido. Hoy, a más de cuarenta años de su esplendor y reinado absoluto en el entretenimiento nocturno mexicano, les rendimos un sentido homenaje. Son “Las Fabulosas”, las “Bellas de noche”, son las Vedettes mexicanas de los 1970s.




Ya en este mismo espacio, previamente hicimos un recorrido sobre la historia del vedettismo en México. Aunque ya las tiples del Teatro de Revista, las Rumberas del Cine Mexicano, las Exóticas del Tívoli y las bailarinas A Go-Gó, habían puesto los cimientos del espectáculo vedettil mexicano, fue en la década de los 1970s, cuando viene el verdadero boom de las diosas de la noche en México. La censura ya había aflojado. La capital mexicana se llenó de centros nocturnos, cabarets, bares y teatros frívolos y pronto, este fenómeno llegó también al resto del país. Así brillaron recintos de lujo como El Belvedere del Hotel Hilton Continental, El Capri del Hotel Regis, La Copa de Champagne, Los Globos, Las Fuentes, el Conjunto Marrakech, El Clóset, el Terrazza Casino, otros de buen o regular nivel como el Montparnasse, el Afro Tramonto, Las Fabulosas, el King Kong o el Rondinella y otros de rompe y rasga como el Savoy, el Barba Azul, el Balalaika, el Burro, el Molino Rojo y muchos otros más. Todos tenían su variedad. Todas las vedettes tenían trabajo, pues había para todos los gustos o niveles. También había recintos donde se hacía burlesque. Desde el reconocido Teatro Fru Frú, pasando por el Iris, el Teatro Apolo, el Teatro Garibaldi o la Carpa Olímpica. Y esto, solo por mencionar a algunos.



Zulma Faiad

Quizá una de las figuras que generó este “boom” de las vedettes en México fue la argentina Zulma Faiad. La Faiad llegó a México precedida de una gran fama en su tierra natal. En México alcanzó mucha popularidad en el cine, particularmente en una serie de películas que filmó al lado del carismático actor Mauricio Garcés. La Faiad empezó a realizar shows en muchos recintos y fue la primera en usar tangas ¡todo un atrevimiento en la época.


Tras el éxito de la Faiad, las vedettes empiezan a surgir masivamente. A principios de los 1970s, alcanza reconocimiento la ya mítica Olga Breeskin. “Super Olga”, como también se le conocía, innovó los shows con un vestuario fastuoso, pocas veces visto en México, que emulaba perfectamente a los de las showgirls de Las Vegas.


Olga Breeskin

Su belleza física, carisma y su talento como violinista, completaron uno de los mejores shows jamás montados por una vedette en México. Tras presentarse en recintos como El Clóset, finalmente “Super Olga” toma como su base de operaciones durante casi una década, el Belvedere del Hotel Hilton Continental. Noche a noche, había filas para ver su show, donde la acompañaban grandes bailarines, magos, cómicos y sus famosos animales exóticos. Fue la única vedette en México en tener su propio show televisivo con la cadena Televisa en 1977. La Breeskin también actuó en cine y telenovelas. Pero eso sí: nunca se desnudó ni tampoco actuó en películas de ficheras y Sexycomedias.



La gran rival, profesional y personal de Breeskin fue la puertorriqueña Iris Chacón, una de las más completas vedettes del continente americano. Incluso ambas actuaron juntas en una película (“¡Que bravas son las solteras!”, 1975). A pesar de su talento, la Chacón en realidad no “pegó” mucho en México, tal vez eclipsada por la popularidad de la Breeskin en el país.



Thelma Tixou

A principios de los 1970s, llega también procedente de Argentina la impactante Thelma Tixou. A la Tixou se le promocionó como la que desbancaría a Zulma Faiad. Y lo logró. En los 1970s, la Tixou se convirtió en estrella, durante muchos años, del famoso cabaret Capri del Hotel Regis. Estamos hablando de una mujer de 1.80 metros de estatura, de exótica melena rubia y de curvas muy generosas. Su éxito estaba asegurado.


La célebre Lyn May comenzó su carrera como vedette en Acapulco. Al llegar a la capital mexicana, trabajó como bailarina del programa de variedades “Siempre en Domingo”, y de allí, a los espectáculos. Trabajó en la Carpa Olímpica y el Iris, famosos por sus shows de burlesque. Pero Lyn solo se desnudaba y bailaba sus ritmos africanos, orientales o polinesios. No hacía shows más “fuertes”. Su éxito mediático lo logró por las decenas de películas de ficheras y Sexy comedias que filmó.





Lyn May

Rossy Mendoza también comenzó como bailarina de la Faiad. De allí comenzó a trabajar sola y se cotizó muchísimo en recintos como El Clóset. Su espectacular anatomía le otorgó el mote de “La cintura más breve” o “El Cuerpo”. Rossy llegó a bailar con Pérez Prado (quién le compuso un mambo) y a amenizar shows del cómico “Resortes” o de Celia Cruz. Al igual que Lyn May, fue estrella masiva de las sexy comedias. Su espectacular anatomía también la llevó a modelar para cotizados fotógrafos como Paulina Lavista.


Rossy Mendoza






A principios de los 1970s, otra de las vedettes más populares fue Amira Cruzat. Ella tuvo durante muchos años su propio show en el centro nocturno EL 77, conocido como “El camerino de Amira Cruzat”. Por su parte, del burlesque surgen figuras como Gloriella. Gloriella más adelante también alcanzó popularidad en sus propios shows y en el cine (ella encarnó a la heroína de historietas “Rarotonga” en la Pantalla Grande). Incluso llegó a contender por el Premio Ariel de la Academia Mexicana de Cine.


Amira Cruzat


Gloriella

Y cómo importar bellezas sudamericanas estaba de moda, en 1977 llega a México la bella rubia paraguaya Wanda Seux. Wanda llegó precedida de una carrera en Argentina. Wanda tenía un show muy sofisticado donde hasta metía a acróbatas y tragafuegos. Wanda tampoco se desnudaba en escena. Eso lo realizó en el cine. La característica singular de Wanda era su físico. Ella no era tan voluptuosa como otras vedettes nacionales. Más bien se asemejaba a una muñeca “Barbie”.


Wanda Seux

Del Cono Sur también llegó la Princesa Yamal. Yamal también llegó con un camino recorrido en Argentina. Debutó en El 77 y luego alcanzó gran popularidad en su propio show con sus célebres danzas árabes. Y si de “realeza” se trata, de Canadá llegó la despampanante rubia Princesa Lea, a quién todo el mundo recuerda mejor por su famoso show donde se bañaba desnuda en una copa de champagne gigante. Lo interesante es que hacía piruetas y no mostraba nunca ni los genitales ni los pezones.