La Princesa Yamal: La Belleza de las Danzas Orientales

Actualizado: 25 ago

Por Luis Miguel Romero

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En las décadas de los 1970s y 1980s, la Ciudad de México se iluminaba por las noches con las luces de las marquesinas de los centros nocturnos y cabarets que florecían por toda la capital mexicana. Y esas fulgurantes marquesinas tenían los nombres de auténticas reinas. Eran beldades que engalanaban esas noches de glamur y despertaban las ilusiones y fantasías más profundas en aquellos espectadores que tenían la dicha de disfrutarlas en sus espectáculos. Eran las vedettes, las "Bellas de Noche" que marcaron una época en el espectáculo nocturno mexicano, hoy en día, consideradas verdaderos íconos de la cultura popular mexicana, exponentes de una época que ya se fue y que difícilmente volverá. Y una de sus principales figuras, es la mujer a la que homenajeamos en este espacio. Fue conocida como La Princesa de las Danzas Orientales. Es la bellísima Princesa Yamal.



Isabel Camila Masiero nació en Mendoza, Argentina en 1946. Según sus propias palabras, nació en el seno de una familia muy practicante de la religión católica (uno de sus tíos era sacerdote y ejercía en El Vaticano). Su familia era de extracción humilde e Isabel tuvo que trabajar desde los 13 años de edad para ayudar en los gastos familiares. En su infancia, Isabel también tuvo que vivir amargas experiencias, como un intento de abuso sexual. Sin embargo, ya había descubierto su vocación artística. Durante un tiempo, trabajó en una tienda departamental en Mendoza. En una visita al Centro Libanés de dicha ciudad, Isabel quedó fascinada con las bellas y elegantes danzas del Medio Oriente. Eventualmente, se mudó con su familia a Buenos Aires, donde decidió probar suerte en el espectáculo.



Los primeros pasos de Isabel en el mundo del espectáculo nocturno, los dio como corista en el Teatro Maipo, considerado una de las catedrales del vedettismo en Argentina. De esa época se deprende su larga amistad con la también vedette Wanda Seux, quién también debutaba como vedette a una edad muy temprana. El dueño del Teatro Maipo pronto se percató de la belleza de Isabel y decidió darle una oportunidad como vedette. Isabel decidió tomar el nombre profesional de Princesa Yamal (Yamal es una palabra de origen árabe que significa belleza). Es entonces cuando la vedette comienza a ganar una fama inusitada en toda Argentina. Aquí vale abrir un paréntesis para resaltar la deslumbrante belleza de Yamal, poseedora de una figura escultural y unos rasgos físicos singulares, con un aire exótico y diferente al que mostraban otras vedettes de la época, además de poseer un espectáculo innovador y sofisticado, pues Yamal verdaderamente se adentró en el mundo de las danzas del Medio Oriente. Ella también hacía shows de burlesque, pero en sus rutinas jamás realizaba desnudo integral. Solo realizaba topless.



La fama de la Princesa Yamal pronto cruzó las fronteras de la Argentina. Su espectáculo se cotizó y comenzó a brillar en los mejores centros nocturnos y cabarets de países como Venezuela y Panamá. En este último país, fue estrella del cotizado nightclub Playboy. Tuvo ofertas para trabajar fuera de Sudamérica. Rechazó Italia por respeto a su tío sacerdote que ejercía en aquel país; Japón debido a la dificultad del idioma; Miami, al ignorar el auge que la comunidad latina estaba alcanzando en dicho lugar. Y se decidió entonces por otra alternativa: México.



En 1977, la Princesa Yamal llegó a México de la mano del empresario Luis Bugarini. Debutó el el centro nocturno El 77, donde la estrella principal era la vedette Amira Cruzat. Pronto, el espectáculo de Yamal destacó por su autenticidad y comienza a trabajar en algunos de los recintos más cotizados de la capital azteca como El Capri, de el Hotel Regis o el Montparnasse. También debuta en el cine en la película "Noches de Cabaret", estelarizada por la actriz Sasha Montenegro. Aunque apareció en aproximadamente una decena de películas mexicanas (específicamente aquellas conocidas como Sexycomedias), la intervención fílmica más recordada de Yamal es en la cinta "La vida difícil de una mujer fácil" (José María Fernández Unsaín, 1979), también estelarizada por Montenegro y en donde Yamal realiza un sensual baile muy recordado por los espectadores. A la par, Yamal también apareció en algunos shows de variedades en televisión y en numerosas fotonovelas y revistas de la época.




En 1985, ocurrió un fatídico episodio que cambió para siempre la vida de la Princesa Yamal: el robo al Museo Nacional de Antropología e Historia de la Ciudad de México. En 1989, la Princesa Yamal fue acusada de complicidad en el acto delictivo. Yamal era inocente. Se le involucró en el delito debido a un romance que sostenía con un hombre que era amigo cercano de los autores intelectuales del robo. En un acto que ella adjudica a intereses y vendettas políticas, la Princesa Yamal fue condenada injustamente y pasó dos años y nueve meses en prisión. Su inocencia quedó comprobada, pero su carrera como vedette quedó seriamente perjudicada. Lo peor del caso, fue que la vedette tuvo que separarse de su hija Atina, la cual era una niña pequeña, y que quedó al cuidado de la madre de la vedette.



Tras la amarga experiencia, la vedette rehízo su vida en compañía de su hija en Acapulco, donde puso un restaurante con los ahorros que había reunido en su faceta como vedette. También estudió cosmetología. La muerte de su madre, ocurrida en 2005, sumió a la vedette en una depresión terrible que la llevó a refugiarse en los vicios. Por fortuna, Yamal tiene un encuentro fortuito que le cambia la vida.


La cineasta María José Cuevas colaboraba con su entonces pareja, el productor Manuel Alcalá, en la realización de una cinta sobre el robo al museo. Su investigación les llevó a Acapulco, ante la Princesa Yamal. Ese fortuito encuentro llevó a Cuevas a crear el proyecto "Bellas de noche", extraordinario documental que retrata el antes y el hoy de cinco de las grandes vedettes de la era de oro del vedettismo mexicano. Dicho documental se estrenó con éxito inusitado en el año 2016, llevando a Yamal como una de sus protagonistas junto con las vedettes Wanda Seux, Olga Breeskin, Lyn May y Rossy Mendoza. Dicho documental dignifica la carrera de la Princesa Yamal y le da voz, por primera vez, para contar su versión sobre su dramática tragedia. Y como en aquellos ayeres setenteros y ochenteros, la Princesa Yamal vuelve a brillar ante los medios, pues el documental brindó la oportunidad a la vedette de volver al teatro en la obra "Divas por siempre" y de ser objeto de numerosos reconocimientos y homenajes.



Hoy en día, la Princesa Yamal disfruta de la vida en compañía de su hija y su nieto en su amado Acapulco. Dicho puerto la reconoció con un homenaje a su carrera en 2018. Aquella película que causó el encuentro de Yamal con María José Cuevas, se estrenó en 2018 con el nombre de "Museo". La vedette no quedó conforme con la historia que contaron, por lo que ha afirmado estar interesada en contar su versión en un libro que planea publicar en un futuro cercano.



La Princesa Yamal brilló en el pasado por su belleza y sensualidad en aquellas glamorosas noches de las décadas de los 1970s y 1980s. En el presente brilla por su calidez y calidad humana y como un ejemplo de valor y superación ante las afrentas de la vida. En sus propias palabras:


"Hay que ser fuertes, por que ningún ser humano quiere a la gente derrotada"


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