La "Femme Fatale" en el Cine Mexicano

Actualizado: 23 abr

Por Luis Miguel Romero

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Por alguna curiosa razón, todas las cinematografías del mundo tienen a una Femme Fatale entre sus símbolos más sagrados. Desde la “Lola Lola” de “El ángel azul” del cine alemán, hasta la “Naná” del cine francés. Curiosamente, la imagen de la mujer fatal, la prostituta, la “pecadora”, ha causado una fascinación muy especial, tanto en los guionistas y cineastas que la plasman en la gran pantalla, como en el público que lo percibe. Por supuesto el Cine mexicano no ha sido la excepción. Desde los inicios de la cinematografía mexicana, la figura de la “mala mujer” ha jugado un papel fundamental.


Lupita Tovar (1910-2016)


Vayamos al inicio: el cine mudo. En la incipiente, pero interesante filmografía silente mexicana, se plasmó por primera vez a la mujer fatal como heroína. Se trata de “Santa”, la prostituta de la célebre novela homónima de Federico Gamboa. La fascinación que este personaje ha causado en el público ha sido tal que el cine mexicano ha realizado cuatro versiones de su historia. La primera, en 1917 (la versión muda que se menciona líneas arriba), fue encarnada por Elena Sánchez Valenzuela. La segunda versión, en 1931, sirvió para darle la bienvenida al sonido en el cine mexicano, y fue encarnada por Lupita Tovar. Las otras actrices encargadas de interpretar a la heroína de Gamboa han sido Esther Fernández (1943) y Julissa (1969). En 1978 la actriz Tina Romero también la encarnó en un melodrama televisivo.



Andrea Palma (1903-1987)


De “Santa” pasamos a “Rosario”, la prostituta trágica de “La mujer del puerto”. Esta heroína surge de una adaptación de la novela corta “Le Port”, del francés Guy de Maupassant. La versión de 1934, interpretada por Andrea Palma, es considerada hoy en día un mito del cine de Habla Hispana. Pero también María Antonieta Pons y Evangelina Sosa la han encarnado en versiones de 1949 y 1991 respectivamente.



Otros cineastas hicieron sus propias versiones de la pecadora. Emilio "El Indio" Fernández hizo un extraordinario retrato en “Las abandonadas” (1944), encarnando a la pecadora en la figura de Dolores del Río. En 1948, “El Indio” repetiría la fórmula en “Salón México”, con Marga López rompiendo por completo con su imagen de mujer sufrida y abnegada de la cinematografía nacional. En 1994, se realizó una segunda versión de esta cinta con la actriz María Rojo como estelar.


El caso de María Félix fue, desde luego, especial. A diferencia de otras actrices mexicanas de su época, el mito cinematográfico de "La Doña", se creó con base a sus roles de mujer altiva, independiente, indomable, que hacía sufrir a los hombres, contrastando con la representación de novias ingenuas, esposas sumisas o madres abnegadas que interpretaban sus contemporáneas en la Gran Pantalla.



Ninón Sevilla (1929-2015)


Luego llegó el Cine de Rumberas. Las mujeres fatales y pecadoras tomaron la batuta y se dieron el gusto de encabezar un género cinematográfico forjado para su lucimiento, con la música tropical y el baile como un perfecto marco para su esplendor. Meche Barba, Rosa Carmina, María Antonieta Pons, Amalia Aguilar y Ninón Sevilla fueron las figuras estelares que lideraron la producción cinematográfica de rumberas. “Aventurera” (1949), es considerada la pieza maestra de este género.



Sasha Montenegro

Y en la década de los 1970s, las “ficheras” tomaron la batuta de las rumberas. Pero ahora dejando la música de lado y despojándose de la ropa para deleite del espectador. A partir de “Bellas de noche” (1975), las cabareteras cinematográficas se apoderaron de la pantalla grande mexicana por casi una década. Sasha Montenegro, Angélica Chaín, Isela Vega y otras más, se convirtieron en modelos idóneos para representar a este nuevo tipo de “femme fatal”.


En 1985, el cine mexicano plasma una singular versión de la mítica "Naná", la heroína del cuento de Emile Zola. La célebre cortesana francesa de la época del Segundo Imperio, fue encarnada por primera vez en el cine nacional en 1944, por Lupe Vélez. Sin embargo, la versión de 1985, dirigida por Rafael Baledón, fue una producción "soft porn" encabezada por la polémica Irma Serrano "La Tigresa", quién una década antes, llevó la misma historia al teatro con gran éxito.





Y llega la década de los 1990s, y con ella el llamado “Nuevo Cine Mexicano”. Y la pecadora regresa con nuevos bríos a seguir entreteniendo al público con sus tragedias. Desde María Rojo en “Danzón” (1991), hasta Salma Hayek en “El callejón de los milagros”, la "mala mujer” sigue imponiendo su presencia en la cinematografía mexicana.




No en balde se le llama “el oficio más antiguo del mundo”. Décadas después la figura de estas mujeres fatales se mantiene vigente en el gusto del público. Otro tipo de heroínas cinematográficas han surgido en el cine nacional (la campesina, la mujer independiente, la madre abnegada, la profesionista etc.), pero las mujeres fatales siempre han estado a la vanguardia.


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