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La Bruja de Texcoco: Talento y Magia

Actualizado: 14 dic 2021

Por Luis Miguel Romero

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La Bruja de Texcoco es magia pura y total. Es impactante. Es de esas personas que uno mira y no puede olvidar jamás; tiene un magnetismo mágico que atrae las miradas de cuantos le rodean. Y no solo por su estatura, tupida barba y colorido vestuario, sino por que nos encontramos con una persona que definitivamente llama la atención por su arrolladora y mística personalidad. Sin duda alguna tiene algo mágico. No en balde su nombre artístico. Es una bruja, en el buen sentido de la palabra claro está. Y como tal, tiene un “algo” muy especial en su persona.



Nació con el nombre de Octavio Mendoza en la Ciudad de México. Desde su infancia, afirma haber sentido inclinación por la música. De hecho, su madre se dedicó a la música. Aprendió a tocar diversos instrumentos musicales como el violín, la guitarra y el arpa. Tiene una carrera profesional alterna como Física egresada del Instituto Politécnico Nacional. Trato de ingresar sin éxito a la Escuela Superior de Música. De cualquier manera, comenzó a tocar con diversos grupos de música folclórica y tradicional mexicana. Octavio también imparte clases de música a niños de primaria y secundaria.


La historia de La Bruja de Texcoco aparece en este mundo terrenal en una celebración del Día de Muertos mexicano de manera intempestiva. Esa tarde, Octavio se presentó tocando en un conjunto de música folclórica en Texcoco, Estado de México. Un curandero del pueblo le tomó de las manos y le dijo: “A ti te estaba esperando, tú eres una de las brujas”. Más tarde, al caer la madrugada, en medio de una celebración infestada de vino, comida y marihuana, como en un auténtico ritual de los dioses prehispánicos, una chica asistente al evento cayó al piso con convulsiones. El curandero le dijo a Mendoza: “Tu ya sabes lo que tienes que hacer para ayudarla”. Mendoza hizo lo que mejor sabía hacer: tocar música con su violín; arropó a la chica con su huipil y tocó y cantó la melodía católica El Pescador. La gente se sumó al rezo musical y la chica quedó curada. Ese día la vida de Octavio cambió y surgió el mito de la Bruja de Texcoco.