"El extraño retorno de Diana Salazar": La telenovela de los temas prohibidos

Actualizado: 19 may

Por Luis Miguel Romero

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Pocas veces las telenovelas se han atrevido a explorar los géneros del horror, el suspenso o la ciencia ficción. Sin embargo, cuando los productores se han arriesgado a adentrarse en ellos, ha dado como resultado melodramas maravillosos. Desde teleseries de la década de los 1960s como "Las momias de Guanajuato" (1962) o "La bruja maldita" (1967), hasta culebrones como "La maldición de La Blonda" (1971) o "El maleficio" (1983). Resulta curioso como en décadas pasadas, con más limitaciones tecnológicas y de presupuesto, las telenovelas se arriesgaban a explorar en el mundo de la fantasía. En 1988, se exhibió en las pantallas mexicanas una de las telenovelas más recordadas del género del suspenso y la ciencia ficción. Se trata de "El extraño retorno de Diana Salazar".


Alma Muriel, Lucía Méndez & Jorge Martínez.

El responsable de la realización de esta telenovela fue el finado productor Carlos Téllez y la magnífica dupla que conformó con el ya también finado escritor Carlos Olmos. Ellos fueron los responsables en crear “Cuna de lobos” (1986), uno de los melodramas mejor logrados de la televisión mexicana. Ante tal éxito, no hubo problema en que, dos años después (1988), la cadena Televisa diera el visto bueno para esta nueva producción.


Lucía Méndez como "Leonor".

“El extraño retorno de Diana Salazar”, es una historia muy atípica en la telenovela mexicana.

En ella se tocaron temas muy interesantes como la brujería, la reencarnación, los poderes psíquicos y la Santa Inquisición. La telenovela fue protagonizada por Lucía Méndez, una de las grandes estrellas de la telenovela a nivel internacional, quién en ese momento pasaba por su mejor momento de éxito y belleza física. A ella le acompañaba un elenco espectacular: Alejandro Camacho, Patricia Reyes Spíndola, Carlos Cámara, Rosa María Bianchi, Adriana Roel, Ariadne Welter, Chela Nájera, Arturo Beristáin, Lolita Cortés y el actor argentino Jorge Martínez en el rol coestelar. Mención especial merece la interpretación de la finada Alma Muriel en el papel antagónico principal de la trama, en uno de sus roles más brillantes en la televisión..


Alma Muriel es "Lucrecia Treviño".

La historia de este melodrama fantástico es la siguiente:


En la Nueva España, en el siglo XVII, la aristócrata Doña Leonor de Santiago (Méndez), está a punto de casarse con el respetable Don Eduardo Carvajal (Martínez). Todos ignoran que Leonor posee un don muy singular: poderes psíquicos que le permiten manipular objetos con la mente y cierto nivel de precognición. Pero este secreto es descubierto por Lucrecia Treviño (Muriel), la despechada ex-amante de Carvajal. Justo el día en que se celebra el compromiso entre Leonor y Eduardo, Lucrecia se presenta en la reunión y acusa a Leonor de brujería ante el Santo Oficio de la Inquisición. Una alterada Leonor, exhibe sus poderes ante los invitados y de inmediato es aprehendida por el tribunal inquisitorio. Ella es sometida a juicio y se le condena a morir en la hoguera por practicar las artes ocultas. Sin embargo, Eduardo también es acusado de complicidad ante una horrorizada Lucrecia (quién en realidad si maneja la magia negra). Una vez en la hoguera, Leonor y Eduardo se juran amor eterno. Acto seguido perecen entre las llamas.


Tres siglos después, Leonor, Eduardo y Lucrecia, terminan reencarnando en las figuras de Diana Salazar, Mario Villarreal e Irene del Conde, respectivamente. Diana es una dulce joven universitaria que vive atormentada por el hecho de poseer dones sobrenaturales y sufrir de pesadillas donde se ve, en otro tiempo, morir ante las llamas. Obviamente, al inicio, Diana ignora que esos son recuerdos de su vida pasada, pues ha reencarnado en una nueva era. Ella comienza a buscar ayuda y llega a manos de Irene del Conde, una psiquiatra que al inicio, igual que Diana, ignora su vida pasada. Un accidente provoca que Irene recuerde su pasado y retoma su objetivo: destruir a Diana y evitar que, de nuevo, le robe el amor de Eduardo, ahora reencarnado en el ingeniero Mario. La desventurada Diana pasa por un largo camino para descubrir su verdadero pasado, dominar sus poderes y librar las trampas que Irene le pone en el camino para encontrar la felicidad con Mario...



La original trama de la telenovela, de inmediato captó la atención de una audiencia saturada de historias de "Cenicientas" y "Romeos y Julietas". En su momento, los valores de producción de la telenovela fueron alabados por su calidad. Se cuenta que el mismo director de cine Guillermo del Toro (ganador del Óscar), contribuyó en los efectos especiales y es el creador de los inolvidables ojos amarillos que lucía la protagonista de la historia cada que vez que empleaba sus poderes.


Los inolvidables ojos amarillos de "Diana Salazar".

Por supuesto, una historia tan atrevida levantó polémicas y suspicacias entre la gente. Se cuenta que, gracias a esta historia, la actriz Lucía Méndez fue vinculada en una fabulosa e irreal historia de narco-satanismo. Lo que si era cierto es que Méndez hubo de pasar mil y un vicisitudes para poder sobrellevar su embarazo durante la trama y no romper con la fantasía del espectador.


La música de la telenovela también fue de primer nivel. Todos los temas incidentales fueron de la autoría de Pedro Plasencia Salinas. El tema musical que se compuso para el opening de la telenovela fue “Un alma en pena”, interpretado por Méndez y de inspiración de Juan Gabriel. Por desgracia, el tema solo se emitió en el primer episodio. Luego se cambió por otro (“Morir un poco”, de Fernando Riba y Kiko Campos). Esto debido a que la estrofa de la canción que mencionaba a “unos sacerdotes infames”, le pareció blasfemo a los ejecutivos de la televisora. Sin embargo, "Un alma en pena" se convirtió en un éxito en la radio. El video musical de la canción, hasta fue considerado uno de los mejores de la década de los 1980’s por la cadena de videos VH1.



Después de “El extraño retorno de Diana Salazar” solo hemos visto dos producciones de corte similar en el melodrama televisivo: “La casa al final de la calle” (1989) y “La Chacala” (1997). Luego, los géneros del horror y la ciencia ficción en la telenovela, parecen haberse extinguido. ¿La razón? Es un misterio. Tal vez se deba a los altos costos de producción que este tipo de producciones requieren debido a sus necesarios efectos especiales.


Si en la televisión mexicana se hubiera seguido por ese camino, de fabricar producciones con temas originales, interesantes y con un buen nivel de producción, hoy en día México seguiría reinando en la realización de telenovelas a nivel internacional y probablemente se hubiera logrado un nivel de producción que se acercara al de productos estadounidenses o europeos, cosa que hoy en día, ni con híbridos, "narconovelas" y “nuevas versiones de clásicos”, se ha logrado siquiera igualar.









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