El 9: Un lugar mítico

Actualizado: 26 ene

Por Luis Miguel Romero

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En la década de los 1970s, surgió una explosión de vida nocturna en la Ciudad de México. Y específicamente, la comunidad LGBT+ encontró sus primeros espacios relativamente libres para poder florecer, una suerte de bastiones en medio de un ambiente social aún muy hostil hacia la diversidad sexual. Pero hubo uno de ellos que ha pasado a la historia porque, además, fue uno de los núcleos, sociales, artísticos y contraculturales más fascinantes de cuantos hayan existido en el México. Estamos hablando de el mítico 9.


Henri Donnadieu

El fundador de este recinto es el empresario de origen francés Henri Donnadieu. Corría el año de 1976 cuando, en la calle de Londres número 156, en plena Zona Rosa de la capital mexicana, abría sus puertas este legendario nightclub. Henri Donnadieu y un grupo de visionarios entre los que se encontraban Manolo Fernández, Óscar Calatayud y Guillermo Ocaña Camelia, decidieron abrir el primer centro nocturno de absoluta libertad de credo, ideología y sexualidad de la capital mexicana. Donnadieu fue testigo de excepción de la revolución sexual de su país natal. Venía de escribir una tesis sobre recintos de esparcimiento e integración social en La Sorbona de Paris. El entendía la sexualidad de una manera libre. Sin embargo, en México la situación era muy diferente. Aún así, Donnadieu y compañía decidieron abrir el centro nocturno en un local propiedad de Manolo Fernández ubicado en la ya mencionada calle de Londres, que anteriormente había sido un restaurante llamado Le Neuf (El Nueve en francés).


Se vuelve a enfatizar que en ese momento, el colectivo LGBT+ estaba en un proceso muy delicado en México. En sus inicios, el 9 operó como parte de los guetos donde se refugiaba la gente de la comunidad en la capital mexicana. El recinto estuvo a punto de ser clausurado en numerosas ocasiones. Pero poco a poco fue haciéndose de un prestigio. En poco tiempo, en espacio incluyente comenzó a reunirse, bajo un mismo techo, gente del mundo intelectual y artístico de México. Y es que, en ese momento, la Zona Rosa vivía su mayor esplendor y se rodeaba de un aire de glamour snob pocas veces visto en un barrio de la capital mexicana.


En 1978 el 9 abrió una sucursal en Acapulco. Allí formó parte de una suerte de "Triángulo de las Bermudas" de la diversidad sexual mexicana junto a recintos como el Gallery y el Peacock Alley. Por desgracia, esta sucursal cerró sus puertas tan solo un año después, acosada por la presión social, que acusaba al recinto de ser un antro de drogas y degenere.


Jaime Vite caracterizado como Marilyn Monroe

El 9 fue mucho más que un lugar para bailar, desvelarse, beber y ligar como cualquier otro nightclub gay convencional. La presencia de gente intelectual y artistas en el recinto, dio como resultado el surgimiento de un espacio que rozaba ya en el ambiente cultural. Llegó a tener dentro de sus instalaciones una compañía de teatro cabaret (la Kitsch Company), existió un cineclub gay, había murales de Juan José Gurrola y Mathias Goeritz y se le brindó espacio a cantantes y músicos nuevos de la escena alternativa punk y slam. Y no solo de la comunidad LGBT+. El recinto nunca discriminó. Había espacio para todos. Siempre fue un lugar incluyente. Se aceptaba a la gente sin importar su género, su raza, su religión o su orientación sexual. Y en esas noches de esplendor del recinto, convivían intelectuales, escritores, músicos pintores, cantantes, actores, empresarios, heterosexuales, gays, lesbianas, travestis, drags, etc.



Carlos Monsiváis

En una noche podías escuchar tocar a Café Tacvba, La Maldita Vecindad y Los Hijos del Quinto Patio o Las Insólitas imágenes de Aurora (después Caifanes), sentarte en la mesa al lado de Carlos Monsiváis, escuchar a Pita Amor declamar una de sus famosas poesías y divertirte viendo a la misteriosa Xóchitl "Reina de Reinas" (quién se dice, era una suerte de protectora-benefactora del lugar) y ver desfilar a las reinas trans de la Zona Rosa como Gina D'Bico y Naná, quienes partían plaza y se robaban la noche. Y si te descuidabas podías toparte con Andy Warhol, Divine o Grace Jones. Figuras como María Félix, Silvia Pinal y Lola Flores también desfilaron por esas agitadas noches de diversión del recinto. Todo esto se aderezaba con un contexto social e histórico muy delicado en México (una severa crisis económica, un terrible terremoto que hirió gravemente a la metrópoli en 1985 y una epidemia que comenzó a cimbrar a la humanidad y a la comunidad LGBT+: el VIH / SIDA).


Alejandra Bogue & Naná

Donnadieu con Silvia Pinal

La ya mencionada Kitsch Company, compañía de teatro-cabaret, estaba encabezada por Jaime Vite, publirrelacionista y hostess de el 9 y figura imprescindible cuando se quiere evocar a aquellas noches de esplendor del recinto. Alejandra Bogue y Naná le acompañaban en los impactantes performances que organizaba.


Fue el 6 de diciembre de 1989 cuando la leyenda de el 9 cerró un capítulo. México había cambiado. Como país, como sociedad y en su vida nocturna. Se cerró un ciclo, una época maravillosa de la que el 9 fue testigo de excepción. Las razones nunca se especificaron. Se menciona una mítica redada donde se dice que pasaron muchas cosas. De cualquier manera, el 9 cerraba sus puertas y no había nada que pudiera cambiarlo. Fueron 12 años de esplendor, funcionando todos los días de la semana.


Jaime Vite & Alejandra Bogue

Veintinueve años después, y cuando parecía que el 9 era ya una leyenda y un mito, una evocación nostálgica de un México que ya se fue, la leyenda regresó. En 2018, Henri Donnadieu vuelve a abrir el 9, ahora ubicado en la calle de Amberes # 58, realmente muy cerca de aquel esplendoroso lugar (donde después abrieron muchos locales; hoy en día es una boutique de lencería). Para muchos de los contemporáneos del original, es evocar un recuerdo. Para las nuevas generaciones es "embarrarse" un poquito de Historia. Y es que, hablar de este recinto es respetable, tanto como evocar al Teatro de la Ciudad, El Tenampa, el Blanquita, el Fru Frú, etc. Muchos decían, que era como la versión mexicana del Studio 54. Ahora hay reggaetón y exhibiciones de voguing. Los tiempos cambian.


La pandemia del COVID-19 ha puesto un stand by en el 9 y en miles de recintos nocturnos más en todo el mundo. Si los tiempos son benéficos, el 9 podrá regresar una vez superada la crisis sanitaria. Y es obligatorio visitarlo si eres parte del colectivo LGBT+ de la capital mexicana. Es visita cuasi-religiosa.


El 9 de Amberes

LECTURA SUGERIDA:


*Henri Donnadieu: "La noche soy yo", Editorial Planeta (2019).






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